La necesidad de legislar el uso de datos en la web y nuestra responsabilidad sobre lo que compartimos



Con la evolución que ha tenido la tecnología, podemos tender a pensar que uno de los puntos positivos es que la información fue democratizada. Es decir, que dejó de ser propiedad solo de algunos medios hegemónicos para tener infinitas miradas en los distintos portales o redes sociales, para poder nutrirnos de diferentes puntos de vista antes de formar el pensamiento propio. Sin embargo, el video nos muestra no solo que no es así, sino que los clicks o me gusta que ponemos nos llevan a que se nos presenten siempre nuevos posts o publicidades relacionados con nuestro comportamiento. 

Impacta ver cómo Facebook ha logrado absorber a las demás redes como Instagram o Whatsapp. Esto genera que, aunque nosotros pensemos que entregamos datos a distintas compañías, solo estamos haciéndolo con una en particular que tiene toda nuestra información para utilizarla a gusto.

Está claro que esta situación debería tener una legislación para que se tienda a desmonopolizar, pero también se ve no solo que es muy difícil, sino que también hay poca voluntad de realizarlo por la utilización que tiene esta situación desde la política. El hecho de que esto sea posible genera el caldo de cultivo ideal para las fake news que, por la poca interacción que tienen las personas con algo que sea distinto a su pensamiento, hace que tengan más difusión. 

También es cierto que, desde el lado de las empresas pueden alegar que no dejar que se compartan cosas libremente puede ser censura, pero las limitaciones deberían comenzar mínimamente con las publicaciones o videos que difundan directamente el discurso de odio. Mientras esto no pase, quedará al alcance de cualquier persona presenciar en vivo una matanza como la que se dio en Nueva Zelanda. 

Debido a que los intereses tanto de las compañías como de los políticos para tener acceso a estos datos pesan más que la necesidad de proteger los datos de la gente, creo que deben realizarse dos acciones simultáneas. Por un lado se debe reclamar con urgencia y hacer visible la necesidad de que la ley proteja a quien pone sus datos en cualquier sitio web, app o red social, pero por otro también es importante hacer foco en la educación para que gente sepa dónde, cómo y con quién comparte su información. 

La poca conciencia que se genera sobre esto hace que la mayoría de los jóvenes no lea ningún término y acepte cualquier cosa con tal de tener lo que busca o, en el otro extremo, que personas mayores no quieran introducir ningún dato en herramientas tecnológicas que podrían facilitarle la vida. Por este motivo el uso a conciencia es fundamental y debería ser lo primero en lo que se haga hincapié. 

En el marco de la información, es importante que se pueda cambiar la forma en la que se busca tener acceso a ella. Las personas no van a un medio o red social para nutrirse de nuevos pensamientos, sino para confirmar uno que ya traen previamente y son carne de cañón para un algoritmo que no hace más que reforzarlo. 

Como conclusión, creo que es necesario luchar para que la ley ampare la utilización de los datos que introducimos. No obstante, también es fundamental que cada uno sepa cómo y dónde pone su información y conocer dónde podemos buscar una mirada distinta a la nuestra que, para mantenernos dentro de la página en la que estemos, el algoritmo no nos va a mostrar. 


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